jueves, 17 de mayo de 2012

Recreación del mundo




Si ha de empezar el mundo
que empiece en condiciones.

Procurará, quienquiera que se ponga
   a la ingente tarea, dar aviso
  de cuándo, cómo y dónde se principia.

Programará, según modelo adjunto,
   un detallado plan diario para
   saber a qué atenernos mientras tanto.
   Si no es mucho pedir, que sea breve.

Redactará, según estrictas normas
   un plan de evacuación del universo
   y un simulacro previo, homologado,
   del que se avisará oportunamente.
  Si algo saliera mal, todo al carajo
   y a buscarle la punta al infinito.

Cuando se haga la luz que nadie piense
   que va a salirle gratis la factura.

Al separar las aguas de los vinos
   no se mezclarán churras con merinas,
   los reservas y cavas por un lado,
   con cuidado, que no se rompa nada,
   las fuentes de agua clara, por el otro;
   de las nubes que caiga lo que quiera.

De todas las especies animales
   habrá que aprovechar y deshacernos
   de moscas cojoneras y de buitres,
   así que mucho ojo, que los pájaros
   no maman, pican, pican de verdad.

Que a nadie se le ocurra tropezar
   dos veces en la misma semejanza.
   lo del barro está bien, como las ollas,
   que también se parecen a los cascos.

Cuando pase inspección a dar por bueno
   el asunto, veremos cuántos días
   ponemos de descanso a la semana.
   Veremos si son seis o si son siete...

Y como no anda el horno para bollos
   y nos pueden poner esecuerres
   todas las evidencias computadas.

Fin de la creación y después glorias.


miércoles, 25 de abril de 2012

Siete días de marzo



Martes 13

Habrá quien diga que Manolo es un liante, pero todo lo que dije ayer es cierto. Bueno, casi todo. En una entrevista de trabajo no tiene uno por qué decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Que no es un juicio. Con no mentir mucho basta. Ellos hacen como que te creen y también mienten. Mienten mucho. Te miran a la cara y tú les lees el pensamiento, otro panoli, piensan, y van diecisiete, o más, más de diecisiete, quién sabe los que van ya. Porque andan buscando, aunque no te lo digan, un pez grande que pese poco. Y eso es difícil de encontrar. Buscarlo sí que lo buscan. Por eso hay que decir siempre lo que ellos esperan que digas. Después te dicen, encantado de conocerle, nosotros le llamamos, gracias. Pero cuatro de cada tres no encajas en el perfil. Eso dicen. En fin, toca esperar.

Miércoles 14

He estado pensando en la entrevista de trabajo. Sobre todo en lo del perfil. Uno no sabe muy bien qué es eso. Lo del perfil, digo. Pero uno nunca encaja, ya es casualidad, ya. Si por lo menos te dijeran, mire usted, con esa pinta ni se moleste. Porque esa es otra, que me han dicho que lo de las pintas cuenta mucho. Dice Rufino, uno que conozco de la cola del INEM, que lo mejor es aparecer de punta en blanco. A poder ser con corbata. Mira tú, ni hacer el nudo sé. Digo yo que lo de la corbata puede encajar en el perfil, pero con el buzo como que no pega. Él dice que bien, pero que esto funciona así. Son lentejas.
Ah, ayer no me llamaron. Hoy llevamos la misma marcha.

Jueves 15

Me duele la cabeza. Mucho. Cuando me duele la cabeza se me pone aquí una cosa y no pienso claro. Pienso, sí, pero todo lo que pienso se retuerce y nunca saco nada en limpio. Cuando se me pasa, todo lo que he pensado lo tengo que tirar porque no vale una mierda. Por ejemplo, ahora mismo estoy pensando que no sé si aceptaré el trabajo. Si me llaman. Pues ya verás cómo cuando se me pase no me sirve de nada haberlo pensado. A esto mío el médico le llama cefaleas. Dionisio, el de la cola del paro dice que son migrañas y que lo mejor para que se pasen es no pensar. A mí lo de no pensar como que me sale sin pensarlo mucho. Pero el dolor de cabeza no se me va.
Hoy tampoco me han llamado, pero el teléfono ha sonado una vez, a eso de las tres, en mitad de la cefalea, osea, de la migraña, y he tenido que dejar de pensar y el corazón casi se me sale por la boca porque he pensado que eran ellos. Pero no. La voz sólo quería venderme una línea de adeeseele a muy buen precio. Parecía que quería otra cosa, pero no. Era sólo eso.

Viernes 16

Hoy me han llamado. Tres veces. Pero, tampoco eran ellos. Ya no me dolía la cabeza y no me mareaba pensar. Así da gusto. Lo malo era que no sabía en qué. Bueno, pues la primera llamada era para Julita, cariño, si se me había pasado el enfado. A mí sí, le he dicho, pero han colgado. Después han llamado de la oficina del consumidor para advertirme de que algún desaprensivo va pasando por ahí revisando la instalación del gas y cobrando una pasta, no quería el buen señor que a mí me ocurriera. ¿Usted en qué compañía funciona?, se ha interesado. Ya le he dicho que en mi humilde opinión, no era de su incumbencia en compañía de quién funcionaba yo. Por lo visto le he malinterpretado. Ya me ha dicho. Me ha explicado también algo acerca de la liberalización del mercado del gas. Le he asegurado que no tenía de qué preocuparse, que uso electricidad y que lo del gas como que lo libero sin mayores complicaciones. La de la tercera llamada sólo ha dicho “perdón”. Nadie más ha llamado. Nadie más.

Sábado 17

Ha sonado el despertador. Se me olvidó desactivarlo anoche. Me gusta que suene por las mañanas sabiendo que puedo pasarme el aviso por donde antes no podía. Los días de labor. Es un consuelo tonto, ya lo sé, pero después de apagarlo como que me vuelve a apetecer arrebujarme entre las sábanas y seguir durmiendo. Hay días que no puedo. Me desvelo y no consigo quitarme de la cabeza que me gustaría tener que levantarme. Por eso acudí a la entrevista de trabajo. Como hoy es sábado no es probable que me llamen. No creo. Quiero pensar que por ser sábado. Se me va a hacer raro no andar pendiente del teléfono. Hoy no va a ser. Aunque, ¿quién sabe?

Domingo 18

Ayer, por la tarde, no llamó nadie. Después sí. Llamé yo al teléfono de la empresa que lleva lo de las entrevistas. Pensaba que siendo domingo no habría nadie, pero cogió el teléfono un señor muy amable que se notó de verdad que se aguantaba las ganas de mandarme donde, a este paso, vamos a acabar todos. No sé si vamos a caber. Bueno, pues me dijo que él de lo mío no sabía nada, pero que, así, entre nosotros, me podía comentar que a pesar de ser domingo por la tarde allí no lo parecía. Igual que un día de labor. Por lo visto andaban llamando. Me entraron los nervios. Pero no llamó más que un despistado. Preguntó algo en inglés y yo le seguí la corriente. Fue una conversación amena, en inglés, claro. Se interesó mucho por mi formación universitaria. Después seguí esperando.

Lunes 19

Ayer, por fin, llamaron. Por la noche. No daba el perfil. Lo que más les dolía era que les hubiera mentido. En lo del inglés, sobre todo. Porque ya no me podían creer nada y ese perfil no encajaba. Si habían descubierto lo del inglés con una simple llamada cómo se iban a creer el resto. No podía ir por ahí ocultando mi licenciatura en Biología, los tres cursos de postgrado, mi experiencia en el campo de la biología molecular… Eso no se hace, hombre, se quejaba el buen señor. En fin, resumiendo, que no daba el perfil pero que tomaban buena nota. El puesto de gruísta se lo habrán dado a algún primo del director de obra, que seguro que se da maña y que hizo algún curso de primeros auxilios. También, probablemente, el curso-rampa de acceso al segundo sótano. Lo peor de todo es que mañana ya no tendré que esperar que me llamen.



lunes, 16 de abril de 2012

Ollagas


Guarda la ollaga
bajo un manto de flores
sus mil cuchillos.


jueves, 29 de marzo de 2012

La primavera



La primavera
se ha vestido de blanco
como una novia.



domingo, 25 de marzo de 2012

Matar al navajo








(Lo leí recientemente en la prensa, o lo escuché sabe Dios dónde. Parece ser que los códigos cifrados de los Americanos, durante la segunda guerra mundial, se basaban en la lengua de los Navajos, conocida por no más de una treintena de personas. Cada división americana tenía su “navajo” y la orden era “matar al navajo” para impedir que cayera en manos del enemigo y con él el código.)
           
            Guardamos celosamente nuestro fuero interno. Lo codificamos y destruimos la clave, o la guardamos cuidadosamente en el interior de nuestro interior. Necesitamos, parece ser, una coraza frente a esta ley de la selva en la que dejar translucir la más mínima debilidad puede significar sufrimiento.
            Sólo muy de cuando en cuando, bajamos las barreras, las defensas, y permitimos que algo o alguien capte la verdadera esencia de nuestra forma de ser, de nosotros mismos. Acabamos casi siempre decidiendo que no mereció la pena y experimentamos traición o desengaño. Y como un miembro retráctil, más doloridos e inseguros si cabe, volvemos a enclaustrarnos, a encerrarnos en una espiral interna. Nuestros sentimientos viven en la clandestinidad.
            Seguimos codificando los mensajes que nos relacionan con nuestro entorno y nos encontramos sumergidos en un magma hostil y nuestros mensajes van, claro, codificados en una clave oscura e impenetrable. Creemos estar defendiéndonos. Las sonrisas no lo son; los agradecimientos, tampoco; nuestras metas, ficticias (por inconfesables); nuestras opiniones, tasadas y medidas; nuestros anhelos, amordazados; nuestros sentimientos, reprimidos… Y ante el peligro de que nuestro código se descubra y nos deje al descubierto, desprotegidos e indefensos ante los demás, no dudamos un momento en “matar al navajo” antes de que caiga en manos del enemigo. Con tal de no dejar al descubierto nuestra intimidad, antes de dar muestras de la más mínima debilidad, evitamos confiar en los demás, confiarnos a los demás y preferimos anular el mensaje, negarnos a nosotros mismos, perjurar de esa parte que preferimos ajena y sentirnos así un poco más seguros, aunque asustados y llenos de temores.
            ¿Quién no ha sentido alguna vez la sensación, real o ficticia, de haber descifrado el código, de haber capturado al “navajo” de otro? ¿No hemos sentido ese equívoco poder, esa sensación de dominio?
            A veces el mensaje es tan claro que la clave no existe, no hay navajo a quien capturar y sentimos la sospecha como una aguijada en el costado. Desconfiamos del mensaje y desconfiamos de su sinceridad.
          Quizás sentimos un poco de vergüenza ajena y nos preguntamos si todavía es posible andar por ahí, por la vida, si es posible sentir todavía el genuino sabor de la autenticidad, de lo ingenuo, de la felicidad, de la dicha, y expresarlo sin que se transforme indefectiblemente en un boomerang que, más tarde o más temprano, nos hiera y nos haga sufrir.



martes, 13 de marzo de 2012

Libros, libros, libros.


Hallé este listado en un blog llamado "Lists of notes" y os lo presento traducido. Yo lo encontré curioso y sugerente. No sé vosotros...




La librería

El libro de Italo Calvino, de 1979, “Si una noche de invierno un viajero”, es una novela que te mira a ti, el lector, intentando comprar y leer la novela de Italo Calvino “Si una noche de invierno un viajero”. En un pasaje concreto del primer capítulo de la historia, se hace un listado de los siguientes tipos de libros cuando navegas por la librería, tratando de localizar los de Calvino.

(Fuente: “Si una noche de invierno un viajero”, via Michael Vinson; Imagen: vía MorCB en Flirkr.)


--Libros que no has leído.
--Libros que no necesitas leer
--Libros hechos para propósitos distintos a leer.
--Libros leídos incluso antes de abrirlos dado que pertenecen a la categoría de libros leídos antes de ser escritos.
--Libros que si tuvieses más de una vida también leerías ciertamente pero por desgracia tus días están contados.
--Libros que tienes intención de leer pero hay otros que tienes que leer antes.
--Libros demasiado caros ahora  y que esperarás a que estén a tu alcance.
--Libros a esperar que aparezcan en rústica.
--Libros que puedes tomar prestados de otros.
--Libros que todo el mundo lee y que es pues como si también los hubieras leído.
--Libros que has estado planeando leer durante años.
--Libros a los que les has querido echar el guante durante años, sin éxito.
--Libros que trata de algo en lo que estás trabajando en este momento.
--Libros que deseas poseer y que por lo tanto ni los prestas por si acaso.
--Libros que podrías apartar quizás para leer este verano.
--Libros que necesitas tener junto a otros libros en tus estanterías.
--Libros que te llenan de una repentina e inexplicable curiosidad no fácilmente justificable .
--Libros leídos hace mucho tiempo que es hora de releer.
--Libros que siempre has pretendido haber leído y ahora es tiempo de sentarse y leerlos de verdad.
--Libros nuevos cuyo autor o tema te atrae.
--Libros nuevos de autores o temas conocidos (en general o para ti, en concreto).
--Libros nuevos de autores sobre temas completamente desconocidos (al menos para ti.


jueves, 8 de marzo de 2012

El enemigo



            Salía Gila al escenario, el genial Gila, disfrazado de soldao chusquero, que se notaba que se le había pasado el reemplazo hacía décadas. Llevaba casco por si las moscas. Y es que Gila era muy precavido. Sabía quién era el enemigo. Y, mire usted, le prestaba un merecido respeto. La policía de Valencia también sabe quién es el enemigo, pero se disfraza de otra cosa. Llevan puesta la democracia en la frente, pero se nota que es pegada y al menor conato de sudor se les despega. Y ya se sabe que pegar y despegar sólo quiere empezar. Así que otra vez a pegar. No esperan a salir del cine para avanzar, ni le dicen al enemigo cuántos son y así a Gila le entran dudas acerca de quién es la lagarterana de bigote.
            Tratar de “enemigo” a los estudiantes que se manifestaban contra los recortes en educación es un disparate que nos retrotrae a muchos años atrás. No se trata de un lapsus, como algunos quieren hacer ver, sino de un ataque de sinceridad que se produjo en el lugar inadecuado. Se dijo en voz alta lo que de verdad se pensaba, que no digo yo que no fuera sincero el jefe de policía, y resulta que había gente escuchando. Estoy seguro de que ni siquiera se percató de la atrocidad que acababa de pronunciar en román paladino. Es más, dudo mucho de que haya habido acto de contrición, arrepentirse de qué, a ver qué se han creído éstos. Reconocer que para la policía cualquier ciudadano puede alcanzar con tan poco semejante categoría (ser manifestante no es, no debería ser, ser enemigo de nadie) pone de manifiesto que la transición no ha acabado. Seguimos ahí, anclados en el pasado. Es el día de la marmota.
            El señor Rajoy lamenta la imagen que se da de España. Pero no aclara qué hecho concreto es el que, según él, produce esa mala imagen y la proyecta allende las fronteras patrias. Los estudiantes que se manifiestan reivindicando menos recortes en la enseñanza pública / La policía repartiendo leña a diestro y siniestro. No estaría mal que nos explicara cual de los dos es la imagen que lamenta.
            El señor Wert daba el pego en las tertulias de la tele. Allí iba de majete y de colegui. Pero fíjate tú lo que son las cosas. Ya no. Ya no va de majete y sus coleguis son quienes son y a ti te encontré en la calle. Con llamar violentos a los chicos, arreglado. Esperaos, majos, que os voy a recortar lo que no pensáis.
            No sé si recuerdan ustedes la “guerra del pimiento”. Allá por Ribaforada. Bueno, eran otros tiempos, dicen, y los agricultores se manifestaban pacíficamente y pensaban que aquellos jeeps que llegaban y aquellos maderos que bajaban y que se les iban acercando no les podían hacer nada porque lo que pedían era de justicia. Eran gente de paz que pedía lo justo. Hasta que alguien pulsó el botón de repartir candela y los agricultores de la Ribera aprendieron a correr a cruzacampos con la boina incrustada a golpes y vergüetazos por todo el cuerpo. ¡Coño! ¡Quién iba a pensar…! Ellos no lo sabían, pero eran “el enemigo”.
            Bueno, pues Gila, volverá a llamar por teléfono. A mí me gusta más cuando cuenta lo de la operación de estética de su tía soltera, que le iban a quitar veinte años y al final le dejaron la cara del mes pasao. A la policía le pasó al revés. Digo, en lo de la estética.